Creer y conocer

Para cerrar, aunque solo sea un decir, ya que apenas hemos visto por encima todos los temas, vamos a plantear uno de los rasgos más importantes que determina, en gran parte, la manera en que las personas se comunican dentro de una comunidad. Se trata de las creencias y de los conocimientos.

Los seres humanos han necesitado de explicaciones cuando se dan cuenta que no todo es como debe de ser. Cuando se buscan las respuestas más complejas que tienen que ver con el sentido ¿Qué hacemos aquí? ¿Para qué la existencia? ¿Hacia dónde vamos cuando nos vamos? ¿Por qué no puedo ser feliz? ¿Por qué destruyo y ataco al otro, aunque sea a una persona que quiero?

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Sin embargo, por un lado están las creencias, las religiones, la espiritualidad, y por el otro, el conocimiento, las ideas, las respuestas. No es que haya una división tal cual, si no que la religión llega hasta ciertos límites, así como las ideas tiene los suyos. Por mucho tiempo ambas búsquedas significaban lo mismo. La Iglesia estaba en busca de la verdad, de la iluminación y de la paz; los griegos adoraban a sus dioses al mismo tiempo que estaban siendo educados por sus maestros que también creían en los mismos dioses. Tener creencias que fueran más allá de las explicaciones no limitaba a nadie a buscar respuestas obtenidas de la observación, de las matemáticas, de la poesía, de la ciencia.

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El autor de Antropología Social, Lienhardt, describe como Charles Darwin no se volvió clérigo porque dudó de la verdad de la Biblia. A los antropólogos que vivieron en el tiempo de Lienhardt les parecieron extrañas las creencias y la religión de los pueblos primitivos que observaron. Pero esto no quiere decir que en realidad fueran más primitivos, sino que quizás los antropólogos no tenían las bases para entender sus creencias. Recordemos que la interpretación del porqué comenzaron a creer en algo más fue debido a que los sueños les parecían símbolos de la existencia de algo superior, así como la muerte. Ver a un ser vivo, animado (que viene de la palabra ánima, o sea, alma) en comparación de un muerto, un cadáver, un ser sin alma, los dejó reflexionando. Así comenzaron a compartir sus experiencias y con esto a formar sus creencias.

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Los pueblos primitivos creían en la hechicería, pero hay que pensarla no como magia, sino como creencias colectivas que escapaban el raciocinio, en algunas comunidades: “la creencia en la hechicería representa una clase de psicología y de filosofía moral-popular”. También funciona como lo hace la suerte (y la mala suerte) en una sociedad occidental. Le cayó un hechizo de mal ojo, puede fácilmente ser sustituido por: qué mala suerte le enfermó de algo. “En el pasado europeo, hombres cuyo valor intelectual en otras actividades es incuestionable, aceptaban la hechicería como un hecho, y la creencia en ella, por consiguiente, no puede ser considerada como absolutamente incompatible con una inteligencia educada, crítica y aun científica.”.

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Lienhardt argumenta que este tipo de creencias están a favor de la comunidad:

“En una sociedad donde puede esperarse una sanción severa por agresión real, la hechicería permite una agresión imaginaria. La hechicería canaliza el desplazamiento de la agresión, facilitando un ajuste emocional con un mínimo de revuelvo en las relaciones sociales.”

Muchos preguntaríamos pero, ¿cómo funcionan estos hechizos sino son reales? Y, ¿qué es real? Cuando se tienen las mismas suposiciones y creencias, se obtienen los mismos resultados esperados. En nuestra sociedad occidental podemos escuchar lo siguiente:

—Se murió de un ataque al corazón.

—Es que no cuidaba su alimentación, además, se estresaba mucho.

—Dicen que trabajaba todo el día, que nunca descansaba, que no hacía ejercicio, ni dormía bien.

Las suposiciones anteriores están dadas por una sociedad que ha escuchado y cree que una alimentación de un tipo, el exceso de trabajo, la falta de descanso y ejercicio, son causas de los ataques al corazón. Estas suposiciones se toman como verdad, mientras que la verdad es que solo murió por un ataque al corazón.

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Por otro lado tenemos la magia, que es tomada como una forma ‘equivocada’ de ciencia. Mientras que la religión ‘depende’ de poderes más altos cuya ayuda se pide y cuya ira se aplaca, pero no tiene nada que ver con el dominio del hombre

“En la observación de hechos desgraciados o extraños, en el deseo de explicarlos y en la suposición de que las razones de todo eso está en otra gente.”

Para nuestras sociedades modernas las figuras sacerdote, hechicero, brujo y médico se llegan a confundir. Lo que es notorio es que puede tener un “uso privado” o un “uso para el bien común”. Cuando las personas acuden con el hechicero y le piden que les ayude para su beneficio pudiendo afectar a otros dentro de la misma comunidad el mismo hechicero o brujo puede estar mal utilizando su papel, mientras que si el sacerdote o médico está salvando a alguien sin afectar al resto entonces está cumpliendo con su deber. Estas diferencias son las que dividen a lo sagrado de lo profano. Lo sagrado es para el bien de todos, para la sociedad; lo profano sirve a un interés individual.

“Las creencias mágicas y religiosas, y los ritos, se consideran aprensiones humanas respecto al orden subyacente del mundo. Son las maneras de descubrir y anunciar ese orden y los medios de adaptarse a él.”

Varias comunidades observadas por los antropólogos de la época de Lienhardt coincidían en que había una religión llamada Las danzas de los espíritus en donde  las comunidades se reunían para bailar, tomar peyote y prever el futuro, reconocer el pasado o distinguir algunos símbolos que anunciaran algo sobre la identidad o las condiciones de dicha comunidad.

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Otro de los ritos que se celebran para generar un acuerdo de paz entre los mortales y lo divino son los sacrificios. Los sacrificios como una ofrenda.

“El significado sociológico de un sacrificio ha comenzado a ser sugerido cuando lo hemos aceptado como un modo de servir a los dioses, hemos visto lo que esos dioses significan en la relación de la vida social y en las relaciones humanas, como corresponde al hecho de compartir intereses dentro de las comunidades.”

También lo que pasaba, y sigue pasando, es que de pronto, surgían religiones creadas por líderes carismáticos que llevaban las marcas de ese liderazgo. Un esquema racional de ideas producidas por una sola persona. Después los sucesores o discípulos suelen contribuir a dicha idea original. Y por otro lado están los totemismos. Que es atribuirle un significado divino a un animal o figura fantástica.

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Todas las teorías del comienzo del mundo han establecido que antes no había nada y después se comenzó con todo.

“Un tema común de esos mitos es la creación de un universo ordenado física y moralmente, extraído del caos y la oscuridad.”

Adán y Eva, Big Bang, la evolución del mono, los animales del mar, los organismos unicelulares en pluricelulares, los hijos del maíz, los hombres hechos de tierra o de barro. Separación cielo y tierra, humano y divino. También, muchos mitos de pueblos que nunca tuvieron contacto se relacionan entre sí, lo cual nos dice que es posible que el comienzo haya sido igual para todos, pero nuestra interpretación, distinta. A estas teorías los antropólogos las llaman relativistas.

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“Las concepciones religiosas y el simbolismo, por consiguiente, unifican el entendimiento de la experiencia humana, al hacer destacar ciertos aspectos de ella (que difieren de religión a religión) y colocarlos en un orden significativo y relacionado entre sí.”

“Las crisis de la vida humana —nacimiento, iniciación, matrimonio, muerte— son rodeadas por ritos y ceremonias muy variados.”

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¿Por qué las creencias? ¿Por qué buscar el conocimiento? Porque hay una intensa y profunda necesidad por responder: quiénes somos, y para ello nos topamos con: de dónde venimos, y después, hacia dónde vamos, y finalmente, cómo le vamos a hacer para llegar a ello. De aquí también surgen y se reafirman los conceptos de tiempo, espacio y orden.

LIENHARDT, GODFREY (1966) ANTROPOLOGÍA SOCIAL. FONDO DE CULTURA ECONÓMICA. MÉXICO: 2004. PÁGS. 185-236
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